
Los organismos oficiales estiman que en Venezuela sólo el 8 % de los casos de secuestro son denunciados ante las autoridades; el 80% de estos crímenes terminan en negociación, por lo tanto no llegan al conocimiento formal de las autoridades.
Estos datos fueron recogidos en la ponencia “Políticas criminales como medida de prevención en el delito de secuestro en Venezuela” presentada en el Instituto de Investigación y Post Grado de la Universidad Yacambú, INVEPUNY, por parte del abogado Domingo Rodríguez, quien abordó este tema en su investigación para optar al título de Magister en Ciencias Penales y Criminalísticas.
El aumento de los secuestros en los últimos años en Venezuela ha sido exponencial, al punto que, más que un delito, se ha convertido en un negocio rentable para el crimen organizado, e incluso para delincuencia común, que ha cambiado el tradicional “ruletéo” por la extorsión de los dueños de vehículos y sus familiares, con en el llamado secuestro express o corto. Entre todos estos casos se calcula que anualmente, se registran unos 500 plagios, por lo que Venezuela encabeza las estadísticas de secuestros, seguida de México y Colombia.
El secuestro se considera uno de los delitos más deplorables porque no sólo afecta a la víctima sino a todos sus familiares. Es complejo y pluriofensivo, ya que no sólo se priva al afectado de la libertad a cambio de provecho económico, sino que le crea un trauma psicológico de por vida, a causa de la torturas y las amenazas psicológicas a las que se le somete durante el proceso de extorsión.
En su investigación el especialista hizo ahínco sobre la urgencia de endurecer las sanciones penales contra el delito de secuestro, ya que la pena máxima en Venezuela es de 30 años, frente a otros países como México, donde ese periodo es la pena mínima, y la máxima, 70 años.
Explica el investigador que hasta hace unos años el secuestro se consideraba un delito del crimen organizado ya que era perpetrado por grupos de unas 30 personas, quienes se dedicaban a estudiar con detalle la rutina de una víctima, la logística de los traslados y la vigilancia del cautiverio. Este trabajo exigía candidatos con un respaldo económico sustancial, por lo que no eran muy frecuentes.
Pero en los últimos años, retener a una persona por uno dos días para quitarle cualquier cantidad de dinero se ha hecho mucho más frecuente. La facilidad para obtener acceso a los teléfonos celulares de los familiares, o a su información laboral, hace que los delincuentes busquen víctimas de clase media a quienes reclamar sumas de dinero no tan elevadas, que los familiares pueden conseguir en algunas horas, sin intervención de las autoridades.
Para evitar la proliferación de estos delitos, en Colombia y México (por mencionar unos casos) se han creado cuerpos especializados de investigación y negociación, los cuáles ofrecen capacitación constante a los organismos policiales para atender los casos con rapidez e inteligencia. También han endurecido las sanciones penales con el objeto de disuadir a la delincuencia ante las graves consecuencias de sus acciones.
Rodríguez comenta que ante esta escalada de secuestros, la modernización de las políticas de Estado es imprescindible y esto implica la reforma del marco legal. Pero mientras esto ocurre, la ciudadanía debe crear mecanismos de protección para evitar ser una víctima de la delincuencia.
Cuídese: sea precavido
Los mecanismos de protección deben comenzar con no atraer la atención de la delincuencia, evitando mostrar bienes lujosos o actividades costosas. Cuando se desplace en vehículo, debe mantener puertas y vidrios asegurados, especialmente en los puntos de parada como esquinas, semáforos y gasolineras. No debe conducir muy cerca de los otros carros, de forma que pueda cambiar de carril si otro carro le sigue o le cierra el paso.
En el caso de enfrentar un secuestro, Rodríguez recomienda no facilitar a los delincuentes más información de la exigida, como datos bancarios u ofertas de dinero. En ocasiones, el hampa común hace creer a las víctimas que conoce todos sus datos o las señas de sus familiares, pero muchas veces, solo tienen información general y presionan a sus víctimas la confirmen.
Aunque es muy difícil mantener la calma en medio de una situación de secuestro, lo más adecuado es no desafiar ni contradecir a los atracadores, quienes pueden estar bajo los efectos de sustancias enervantes; pero tampoco es recomendable mostrarse demasiado dócil en cuánto a todas sus exigencias. Es necesario entender que hay posibilidades de sufrir agresiones físicas y verbales, pero la meta debe ser mantener la vida, y para ello, las víctimas deben estar alertas y no dejarse llevar por pensamientos dañinos.
El especialista indica que, aun cuando no pensamos en sufrir estas situaciones, es recomendable plantearse esta posibilidad, para estudiar las posibles reacciones, acordar decisiones familiares y solicitar la asesoría de expertos legales o financieros quienes han manejado otros casos de secuestro y pueden prever las decisiones acertadas.
Prensa UNY