
La organización proactiva de la sociedad y un cambio cognitivo personal que establezca el rechazo activo de las conductas violentas, son las herramientas que propone la organización “Acción Pedagógica por la Paz” para eliminar la violencia social que diezma a la población venezolana.
El doctor Sol Alvarado, egresado del Doctorado y de la Maestría en Gerencia de la UNY, abogado y docente, expuso en el Instituto de Investigación y Post grado, INVEPUNY, esta novedosa propuesta que originalmente apoyaron todos los sindicatos educacionales, y a la que progresivamente se han sumado gremios profesionales como los Colegios de Abogados y de Periodistas, para sensibilizar a todos sus afiliados, a fin de tomar acciones directas para reducir el aumento de las conductas violentas, que está amenazando a la colectividad todos los días.
Alvarado desarrolló esta propuesta a partir de una investigación sobre la violencia, en la cual concluyó que para combatir este flagelo es necesario abordarlo desde dos puntos clave: La organización de la sociedad, que implica el rechazo a través de todas las instituciones sociales, y a nivel personal, mental o cognitivo, con la educación, especialmente en las escuelas y hogares de los niños y jóvenes, promoviendo el aprendizaje de las consecuencias de la violencia, que sólo acarrean dolor, sufrimiento y muerte.
“Nuestra idea es iniciar un proceso de resocialización y frenar el empoderamiento de los violentos, dando un giro de 180 grados a la actitud pasiva y de miedo de la población, porque es esto propicia el mayor auge de la violencia. Queremos crear un cordón profiláctico social que aísle a los violentos, y que la ciudadanía tome una actitud proactiva que se exprese a través de un cambio en cada persona; que todos asuman una actitud de rechazo hacia la violencia”.
El expositor opina que la orientación y los métodos que ha usado el Estado para combatir la delincuencia han sido inefectivos, lo que indica que es necesario darle un cambio total y con mayores implicaciones sociales. A su juicio, la gran mayoría de los habitantes del país está conformada por gente honesta que desea la paz, el desarrollo social y espiritual, por lo que el esfuerzo común de este gran grupo puede hacer sentir el repudio hacia todos los que se dedican a dañar a otros.
Hasta ahora la población ha tomado una actitud defensiva: evita los riesgos, compra alarmas y se encierra en casa; estas acciones solo aumentan el miedo y reconocimiento al poder de la delincuencia, permitiéndoles seguir a sus anchas.
La propuesta del doctor Alvarado exige todo lo contrario; no implica un enfrentamiento con los violentos, sino un abordaje ideológico a mediano y largo plazo, que se expanda hasta a los familiares y allegados de todos los delincuentes para que, incluso, las personas de su entorno los presionen hacia el abandono de las acciones destructivas.
“Cuando ese niño, ese joven o el adolescente esté consciente de los daños por actuar agresivamente, comenzará a usar respuestas no agresivas, especialmente si todo su entorno las rechaza”.
El expositor plantea que la conducta violencia se origina en un estado mental de la persona, que se forma desde la infancia a partir del aprendizaje y la recepción de constantes ejemplos violentos en su casa y en su entorno.
Pero no todas las personas que viven en el mismo entorno tienden a mostrarse violentos; no se trata de una conducta de las barridas; hay delincuentes y personas violentas de todos los estratos económicos y sociales. Lo que agudiza esta conducta es la falta de valores sociales, especialmente la falta de respeto hacia los derechos de los otros, lo cual es una muestra de la decadencia de los valores morales en la familia, en la escuela, en las iglesias y en el Estado, que son las instituciones encargadas de establecer las normas de convivencia y respeto en la sociedad.
El nivel de violencia que ha alcanzado nuestra sociedad hace patente la urgencia de nuevas estrategias de pacificación, de allí la propuesta de esta organización para aglutinar esfuerzos entre toda la colectividad hacia un objetivo que derrote la violencia delictiva.
Prensa UNY